Una sorpresa no tiene que ser un regalo caro. Sucede cuando la otra persona percibe intención: una nota, una canción o una tarea asumida para ofrecer descanso.

Para un día corriente

  • Esconder una nota cerca del café.
  • Enviar un recuerdo feliz.
  • Preparar su bebida preferida.
  • Crear una lista de cinco canciones.
  • Asumir una tarea pesada.
  • Elegir tres fotografías de vuestra historia.

Para disfrutar juntos

  • Invitar a ver el atardecer.
  • Preparar una cena sencilla.
  • Organizar cine en casa.
  • Dar un paseo por un lugar nuevo.
  • Crear un bote con preguntas.
  • Entregar un vale para una próxima cita.

Lo más importante

Una buena sorpresa respeta gustos, tiempo y límites. La constancia de los gestos sinceros crea más conexión que una única producción grandiosa.